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NANA SIMONE MICHELI  

6/11/2025 inauguración 704 oficina de arte

704 oficina de arte Florida 336 7mo. CABA

A lo largo de su existencia, la humanidad ha enfrentado de manera recurrente una serie de dilemas éticos, políticos y sociales que, lejos de resolverse de forma definitiva se reconfiguran con el paso del tiempo. La historia de las civilizaciones está profundamente marcada por tensiones estructurales, conflictos de poder y desigualdades sistémicas que han derivado en dinámicas de exclusión, represión y violencia institucionalizada.

En el escenario contemporáneo, lamentablemente, las formas predominantes de resolución de los conflictos sociales continúan siendo, en gran medida, desproporcionadas y carentes de equidad.

Latinoamérica, como región históricamente atravesada por procesos coloniales, dictaduras, transiciones democráticas incompletas y más posee un largo historial en este tipo de prácticas. La violencia estructural y simbólica ha sido una constante en la configuración de las sociedades latinoamericanas.

En Argentina, estas tensiones se manifiestan con intensidad en territorios urbanos que, a lo largo del tiempo, han sido apropiados por la acción colectiva, resignificados por la protesta social, y transformados en espacios simbólicos de lucha y memoria. Son coordenadas que condensan capas de conflicto, pertenencia y resistencia.

Si bien Argentina se autopercibe como una república federal, en la práctica continúa reproduciendo patrones de centralismo político y económico, lo que perpetúa desigualdades territoriales y limita las posibilidades reales de participación y autonomía de las provincias.

Este centralismo, más allá de las formas constitucionales, evidencia una concentración de poder en el aparato estatal nacional especialmente en la Capital Federal.

El pueblo argentino ha construido históricamente una fuerte tradición de lucha, resistencia y organización popular. Esta memoria colectiva de movilización ha sido fundamental para la conquista de derechos sociales, laborales y políticos. La calle es mucho más que un espacio físico: ha funcionado como escenario simbólico y estratégico de disputa, como lugar de visibilización del conflicto y como terreno de construcción de subjetividades políticas.

A lo largo de las décadas, ciertos territorios urbanos han sido resignificados por la acción popular y convertidos en verdaderos nodos constitutivos de resistencia. Lugares que se han transformado en símbolos vivos de la capacidad de lucha del pueblo.

Las COORDENADAS nos llevan en este caso en particular a la Plaza del Congreso, territorio testigo de las luchas, la desigualdad, la injusticia como también de la unidad y firmeza del pueblo que reafirma que la salida es colectiva.

Este territorio, históricamente resignificado por la acción colectiva y el ejercicio de la protesta social, se ve actualmente impugnado por el avance de dispositivos estatales de control, como el denominado Plan Integral de Video vigilancia de la Ciudad. Este plan consiste en la implementación de un sofisticado sistema de análisis forense de imágenes de video, que permite identificar y rastrear objetos, personas y vehículos mediante la aplicación de filtros diversos, lo que configura un entramado de vigilancia permanente sobre la vida urbana.

Dentro de esta arquitectura de control, cobra particular relevancia la incorporación de tecnologías de reconocimiento facial, las cuales permiten identificar a individuos mediante algoritmos biométricos que procesan sus rasgos faciales. Esta herramienta, lejos de ser neutral, introduce una serie de problemáticas vinculadas al derecho a la privacidad, la presunción de inocencia y el uso discriminatorio de los datos personales.

Produce cuerpos sospechosos. Como advierte Michel Foucault, el poder moderno no reprime desde fuera: se inscribe en los cuerpos, circula en lo cotidiano, moldea conductas. En ese sentido, la vigilancia se vuelve una forma de control que opera incluso antes del castigo. Estar bajo observación constante modifica nuestra manera de habitar el espacio público.

Este proyecto curatorial busca abrir preguntas, fisuras, desplazamientos para pensar el presente y que el espacio público vuelva a ser territorio común, y no campo de batalla.

NANA SIMONE MICHELI